domingo, 21 de noviembre de 2010

Batalla.

El dolor,
un curioso sentimiento.
Puedes cobijarlo de una manera tan sútil
que puede pasar desapercibido por los demás.
Se fusiona con tu ser, con  tu piel , con tus entrañas,
lo notas que está ahí. Pero...
¿Cómo explico que está?
Nadie va a sentir por mí. Nadie va a sufrir por mí.


Las heridas que son  grabadas a fuego causan cicatriz.
Y lo peor no es el golpe, en el momento del shock
la consciencia escapa, sale airosa de la situación,
disimula, engaña al dolor.
Pero el dolor es paciente, despiadadamente paciente.


Ella sabe perfectamente lo que le espera.
Le esperan  lunas de insomnio, ametralladoras de
pensamientos, lluvias de rabia y aislamiento compartido.


Le espera dolor, mucho dolor.


Aún así, y aunque parezca contradictorio,
en el campo de batalla, cuando aparecen ambos
y se miran a los ojos desafiantes.
La consciencia de manera misteriosa,
levanta lentamente las comisuras de los labios
y sonríe.

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