jueves, 7 de abril de 2011

La fachada.

Salgo al balcón a fumarme un cigarro y miro a mi alrededor. Existen unos pocos metros hasta la finca de enfrente que encantada me quita las vistas de la ciudad. Y mientras espero a que mi cuerpo se llene de este humo cancerígeno tan sumamente tranquilizante ,analizo la fachada.
Observo las tejas, que valientes aguantan día tras día todas las inclemencias del tiempo. Las antenas antiestéticas y escuálidas rodeadas de finos hilos de metal que acompañan a las tejas en las noches oscuras. Las persianas,misteriosas y siniestras aguardan tras de sí parejas haciendo el amor, niños durmiendo, cocinas sucias, comedores sin habitar y un sinfín de cosas que la gente prefiere esconder. Y por último, fijo mi mirada en una especie de tubos o canales destinados a la lluvia, donde se le marca un camino y una dirección y el agua muy obediente seguirá sin cuestionárselo. Acabará en la calle, y allí seguirá la inclinación hecha a propósito para ella y se colará por una alcantarilla donde sucesivamente irá siguiendo el camino que los humanos han echo específicamente para ella.


Aquí es donde yo me pregunto. ¿Pero será posible?
Las personas, mañana tras mañana, tienen que labrarse su camino. Un trayecto que  modificamos y que puede ser decisivo en nuestro futuro, en cada decisión que tomamos viene escondida una gran carga.
Nadie nos adelanta que hoy aunque no tengas el ánimo tendrás que decidir que ponerte, si falda o pantalón; qué desayunar, si café o zumo; si ponerte gafas o lentillas, si vas en bus o en metro...
Porque igual esa decisión que vista así parece estúpida puede ser trascendental y puede cambiar nuestra vida de una manera tan radical que da miedo pensar en el poder del que somos portadores.
Imagínate, que esa falda, hace que atraigas la mirada del hombre de tu vida. Que el café te siente mal y esto  desemboque en una gastroenteritis que haga que pierdas tu trabajo. Que el autobús tenga un accidente y quedes en sillas de ruedas para toda tu vida.
Son ejemplos tontos pero eficaces¿ te das cuenta? Nunca sabes por donde te va a sorprender el día cada vez que te levantas de la cama. Y que hecho determinará tu decisión y que consecuencias tendrá.




Y nosotros por desgracia o por fortuna, no tenemos camino ni canal alguno que nos marque el camino.
Somos los directores de nuestra vida. Nuestro teatro particular donde el final es tan incierto, que es estúpido pensar que podemos controlar o planear nuestro futuro. Y con futuro no me refiero a dentro de unos años, sino simplemente a dentro de media hora. Así que respira hondo , cierra los ojos y deja de preocuparte. Deja que la vida te lleve por donde ella quiera.

No hay comentarios: