lunes, 22 de agosto de 2011

Y allí estaba yo, mirándome al espejo durante un buen rato.
No creo que pueda explicar muy bien lo que pasaba por mi cabeza , pero me acuerdo de ver a un dolor que llevaba el coche lleno y se escuchaba por la ventanilla gritar a las desilusiones detrás de él porque querían llegar pronto a casa, había personas que corrían para no llegar tarde y lo único que llevaban eran recuerdos, también había semáforos de inseguridad que paraban en seco a cientos de motivaciones y lo último que recuerdo era aquel horroroso olor que salía de los tubos de escape de los coches, era algo así como el olor del... llanto.

¡Qué absurdo!
Anda que estaba cabeza mía un día de estos explotará y salpicará de ideas absurdas a la gente que en ese momento se encuentre a mi alrededor, pero será algo hermoso, nada de sangre y vísceras.
Y siguiendo con el tema de mirarme al espejo y analizar lo que estaba pensando, me sorprendí al darme cuenta de lo terriblemente aburrida que resulta mi cara. ¡perdiez! ¿Sabéis qué?Me gustaría mucho que no existiesen los espejos o en su defecto que todos rompiésemos los espejos de nuestras casas. A la mierda las supersticiones. ¿Qué es peor?
¿Siete años de mala suerte o tener que vivir toda una vida dependiendo de nuestro aspecto físico?




1 comentario:

MDuritz dijo...

Muchas veces también he pensado que me gustaría que no existiesen los espejos, para no sentirme obligada a prestarle atención a lo que veo cuando paso por su lado..
un beso ;)