domingo, 2 de octubre de 2011

Un mundo nuevo.

Llega de clase cansado, deja la mochila y se tumba a pierna suelta en el sofá. Suspira de comodidad. Por unos segundos la sensación de tener la mente en blanco aparece dentro de su cabeza, qué felicidad.
Pero poco le dura ese momento de plenitud, pronto comienza a pensar en todo lo que ha hecho hoy en clase, en la gente que se ha cruzado, en los profesores, en sus padres, en como ha actuado con...
Miles de pensamientos le bombardean sin parar. Me voy a hacer la comida se dice. Y pensado y hecho, se levanta con un rápido movimiento y se dirige a la cocina. En el camino empieza a darse cuenta que las piernas le flojean, que no aguantan su peso, que sin poder evitarlo se va cayendo como si de un títere se tratara, poco a poco como avisándole de que algo malo está pasando, de que eso no es normal.
En milésimas de segundo todo había cambiado, ahora se encontraba en el suelo, tirado, sin fuerzas, sólo.
¿Qué podía hacer?...el pánico recorría a cien por hora todas las arterias de su cuerpo, el corazón parecía que iba a salirsele del pecho, las lágrimas caían a borbotones; él sollozaba pidiendo auxilio, pero hay no había nadie. Sólo él y sus ganas de vivir
Así que con las últimas fuerzas que le quedaban consiguió lentamente con la ayuda de los brazos poder arrastrarse hasta la mesita del comedor y coger el móvil, corriendo llamó a su madre. Mamá, ven a casa necesito ayuda....Su madre salió de casa, y como una diosa cortando el viento llego a casa de su hijo en pocos minutos. ¿Qué te pasa corazón?, No lo sé mamá, no lo sé... y sus palabras apenas perceptibles iban callándose con el paso del tiempo.
Aquí es cuando empezó su nueva vida. Una enfermedad poco conocida había afectado a su columna vertebral  dándole a elegir entre la vida y la muerte. Semanas fueron las que su madre pasó a su lado esperando a qué su hijo venciera de una vez a la temida muerte, que las ganas de vivir vencieran en la batalla.
Y por fin un día, con los labios secos , los ojos apenas abiertos logró pronunciar, mamá no dejes que me vaya, quiero vivir. Y así fue el origen de su nuevo mundo. Un mundo lleno de obstáculos, de prejuicios, y de malas miradas se le venian encima. Pero a la vez un mundo de motivaciones y de lucha, de valorar la vida, y querer aferrarse a ella por su familia y sobretodo por él mismo. 
Porque ahora tenía otra forma de ver el mundo que sólo había descubierto él.




1 comentario:

Anónimo dijo...

sencillamente precioso