Sí,me acuerdo...
Recuerdo cómo chillaba y pataleaba con todas sus fuerzas, cómo le daban espasmos de ira que hacía que todo su cuerpo vibrase de forma incontrolada y violenta, cómo se estiraba del pelo y se pegaba golpes en la cabeza cómo queriendo sacar de allí toda la parte necrosada que junto con él debía quitar de su cabeza.
Pasados unos minutos después de este incidente, la rabia se convertía en impotencia, toda la energía consumida anteriormente se iba convirtiendo en debilidad, ahora ella notaba cómo su cuerpo se abalanzaba sobre sus piernas y casi sin fuerzas conseguía caminar hacia la pared y apoyarse en ella mientras se iba dejando caer hasta acabar terminando en el suelo . Allí en una esquina, acurrucada y abrazada a sus piernas lloraba desconsoladamente.
Recuerdo su cara; le caían lágrimas a borbotones ,que no lograba contener de unos ojos rojos e hinchados, la saliva le caía rodeando su mandíbula hasta la barbilla dónde se precipitaba al vacío , las lágrimas se juntaban con el agüilla que le chorreaba de la nariz y cada sollozo venía acompañado de una inspiración rápida y repetida que le permitía poder respirar. No tenía ganas ni de limpiarse, le daba todo igual , su alrededor daba vueltas y la cabeza le atormentaba con un fuerte dolor en las sienes.
Las glándulas lagrimales hartas ya de trabajar, dejaron de producir. Sin lágrimas en los ojos y con una fuerte presión en el pecho llegó el agotamiento. Con voz casi inaudible susurraba palabras que sólo ella llegaba a percibir ,alguna se escapaba danzando con el viento y llegaba a mis oídos.
Por qué,se decía una y otra vez...
El sueño acabó por vencerla y allí se quedo toda la noche, hecha un amasijo de dolor y tristeza.
A la mañana siguiente se levantó y cómo si nada hubiera pasado se preguntó qué hacía ella en el sofá durmiendo. Se incorporó, se sentó intentando despejarse un poco y mientras se recogía el pelo en una coleta le vino el recuerdo. No, no , no ...como si una ente demoníaca súbitamente se hubiera adentrado en su cuerpo, se desplomó. La realidad había vuelto.
Ahora hablamos ella y yo.
Conversamos y recordamos este momento, este dolor extremo que se experimenta pocas veces en la vida. Ella me confiesa que lo guarda en su interior, en un cajita que únicamente abre cuando ya no puede abarcar más. Aunque constantemente me guiña un ojo y me dice:" Siempre cabe algo más".
Pero desgraciadamente no es así. Y cuando se da cuenta de que ya no puede más, viene a verme y con lágrimas en los ojos me mira y le contesto desde el espejo que yo siempre estaré ahí, aun cuando no haya nadie. Yo siempre estaré con ella.
Recuerdo cómo chillaba y pataleaba con todas sus fuerzas, cómo le daban espasmos de ira que hacía que todo su cuerpo vibrase de forma incontrolada y violenta, cómo se estiraba del pelo y se pegaba golpes en la cabeza cómo queriendo sacar de allí toda la parte necrosada que junto con él debía quitar de su cabeza.
Pasados unos minutos después de este incidente, la rabia se convertía en impotencia, toda la energía consumida anteriormente se iba convirtiendo en debilidad, ahora ella notaba cómo su cuerpo se abalanzaba sobre sus piernas y casi sin fuerzas conseguía caminar hacia la pared y apoyarse en ella mientras se iba dejando caer hasta acabar terminando en el suelo . Allí en una esquina, acurrucada y abrazada a sus piernas lloraba desconsoladamente.
Recuerdo su cara; le caían lágrimas a borbotones ,que no lograba contener de unos ojos rojos e hinchados, la saliva le caía rodeando su mandíbula hasta la barbilla dónde se precipitaba al vacío , las lágrimas se juntaban con el agüilla que le chorreaba de la nariz y cada sollozo venía acompañado de una inspiración rápida y repetida que le permitía poder respirar. No tenía ganas ni de limpiarse, le daba todo igual , su alrededor daba vueltas y la cabeza le atormentaba con un fuerte dolor en las sienes.
Las glándulas lagrimales hartas ya de trabajar, dejaron de producir. Sin lágrimas en los ojos y con una fuerte presión en el pecho llegó el agotamiento. Con voz casi inaudible susurraba palabras que sólo ella llegaba a percibir ,alguna se escapaba danzando con el viento y llegaba a mis oídos.Por qué,se decía una y otra vez...
El sueño acabó por vencerla y allí se quedo toda la noche, hecha un amasijo de dolor y tristeza.
A la mañana siguiente se levantó y cómo si nada hubiera pasado se preguntó qué hacía ella en el sofá durmiendo. Se incorporó, se sentó intentando despejarse un poco y mientras se recogía el pelo en una coleta le vino el recuerdo. No, no , no ...como si una ente demoníaca súbitamente se hubiera adentrado en su cuerpo, se desplomó. La realidad había vuelto.
Ahora hablamos ella y yo.
Conversamos y recordamos este momento, este dolor extremo que se experimenta pocas veces en la vida. Ella me confiesa que lo guarda en su interior, en un cajita que únicamente abre cuando ya no puede abarcar más. Aunque constantemente me guiña un ojo y me dice:" Siempre cabe algo más".
Pero desgraciadamente no es así. Y cuando se da cuenta de que ya no puede más, viene a verme y con lágrimas en los ojos me mira y le contesto desde el espejo que yo siempre estaré ahí, aun cuando no haya nadie. Yo siempre estaré con ella.
1 comentario:
si es que la realidad nos pilla cuando menos nos lo esperamos (:
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