martes, 24 de enero de 2012

Memorias de un Barman

-Mírala, ahí sentada ¿Qué estará haciendo?
-Es cierto, pues no lo sé. Que pena, una chica tan guapa y  está tan sola.

El bar estaba abarrotado, lleno de gente bailando y gritando, el humo y el alcohol eran las dos variables que influían en la vida que resplandecía aquel local. Numerosas eran las personas que se acercaban a ella.  

-Hola, guapa. ¿Qué tal va la noche, te apetece tomar algo?
- Sí claro, gracias.

Ella se tomaba la cerveza que el inocente  individuo ofrecía a invitar. Ella no daba muestras de querer abrir un canal de comunicación entre ellos así que  simplemente esperaba a que él se cansase del silencio y se marchase de su espacio. 
No podría recordar cuantas veces se repitió esta situación, sólo se que el final lo marcaba su nivel de alcohol en sangre. Cuando ella creía conveniente paraba de beber, reflexionaba sobre su elección por última vez y procedía a levantarse para la función.
Sus cervezas sentada, no eran en balde. Durante todo este tiempo, había observado y analizado a todas y a cada una de las personas que se encontraban en el local. Había ido descartando hasta que por fin quedaba una.  El elegido. La persona más ingenua y pura que había en toda la fiesta.

Se había propuesto enseñar a la personas que tienen el corazón abierto de par en par, a cerrar la puerta con llave para evitarles un futuro dolor. Ella simplemente les rompía el corazón de la forma más sensible que sabía, y luego se marchaba sin dejar rastro. Era la marypoppins del amor.
Los corazones deben de tener una llave para entregársela a aquellos  que de verdad quieran entrar y quedarse dentro. Ella sólo quería enseñar a los ingenuos a que las puertas abiertas sólo sirven para que la gente entre, mire y se vaya sin comprar.





2 comentarios:

Byron C dijo...

Jejeje..me gusta la moraleja^^

MDuritz dijo...

Pero si no lo abres, nunca sabrás quién hubiese entrado...
Jum, no me ha gustado esa mujer. (Aunque el texto, y la idea, sí :))