viernes, 25 de mayo de 2012

Trenes.

Estoy delante tuyo de pie, 
mirándote fijamente. 
Tú me ves. No nos podemos acariciar.
Estamos tan lejos.

Estoy esperando, en la andana de enfrente.
Veo tu silueta, ya aprendida de memoria, 
cada curva, cada peca, cada poro
podría decir las coordenadas longitudinales 
como si del planeta se tratase.

Del mundo, de mi mundo.

Pero pasan por delante cientos de trenes, 
que dejamos pasar.
No podemos, no queremos irnos.
Preferimos vernos, nunca dejar de vernos.

Pero los trenes siguen su incesante ir y venir, 
las personas entran y salen de nuestras vidas, 
pero nosotros seguimos ahí, quietos, mirándonos.
Temiendo que uno de los dos decida marcharse.

Viéndote entre los cristales, agudizo la vista, 
y observo tu intención. ¿Decidirá irse ahora?
El miedo me hiela la sangre.
Me siento. Cansada ya de tanto sufrimiento.

Los trenes no tienen nombre, 
pero no dejan de pasar, 
a donde irán?
aún no lo sé, pero me voy a fijar, 
cuando ponga mi nombre, me iré.
Pero antes miraré atrás para ver
si estás, 



aunque sé que enfrente
siempre pasan antes.










No hay comentarios: