Las piedras, duras y frágiles a la vez
aguantan el incesante ir y venir de las olas,
en los días tempestivos la danza del mar las envuelve,
y ellas impasibles viajan de un lado a otro,
intentando en vano buscar reposo.
Curiosa su reacción,
que vuelven con el paso del tiempo
suaves, redondas y pequeñas.
Que dependientes son del mar,
que necesitan de él para viajar.
Y nosotros, pobres de nosotros
que dependemos de alguien que nos diga
no te dejaré marchar.
Que nos ponemos esposas sabiendo
que somos dueños de la llave que las abrirá.
Y la llave, sé que la tengo , pero...
¿dónde está?
Está en mis entrañas , donde habita una
niña triste y sola, necesitada de cariño,
con miedo y con frío .Que anhela el calor
de un abrazo cuando las lágrimas no pueden
contenerse con un simple; No llores.
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